Introducción. Conceptos básicos

La respuesta inmunitaria específica es clonal

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Los linfocitos T y B son los responsables del reconocimiento específico de los patógenos en la respuesta inmunitaria específica. De entre los más de 1011 clones de linfocitos que nunca han sido activados, o linfocitos vírgenes, cada antígeno activa de forma específica al clon de linfocitos que posee un receptor adecuado. Los receptores de los linfocitos T se denominan de forma genérica TcR (T-cell Receptor) y los de los linfocitos B, BcR (B-cell Receptor). De esta forma, la presencia de un antígeno concreto recluta los linfocitos específicos para el invasor. La selección de un TcR y un BcR específicos por parte de un antígeno se denomina selección clonal o fase de reconocimiento (Figura 1.10-A).

Figura 1.10 Selección clonal
Los linfocitos B y T tienen receptores para antígeno muy variables, diferentes en cada linfocito. El patógeno selecciona de entre todos –cerca de 1011– el que mejor encaja con sus antígenos, y ese linfocito –el 2 en este caso– se expande hasta generar un clon de linfocitos idénticos. Parte del clon se diferencia para desarrollar las funciones que le corresponda. En este caso, como se trata de un linfocito B, se diferencia a células que sintetizan anticuerpos, versiones solubles del BcR. Otra parte del clon se diferencia a células de memoria cuya misión es perdurar varios años para recordar a ese patógeno en particular y responder más rápido la próxima vez. (Reproducido de Regueiro
J.R., López C., González S. & Martínez E. (2011) Inmunología. Biología y Patología del Sistema Inmune. (4ª Ed.) Editorial Médica Panamericana, Madrid.)

Tras la selección clonal o fase de reconocimiento, se produce la expansión clonal o fase de activación (Figura 1.10-B, cuadro superior), en la que un clon de linfocitos T y un clon de lin- focitos B específicos para un mismo antígeno comienzan a multiplicarse por mitosis. Mediante este procedimiento, el organismo se procura un ejército de linfocitos instruidos para hacer frente de manera específica al antígeno que los activó (Figura 1.10-B, cuadro inferior).

La proliferación de los clones de linfocitos permite que lleven a cabo su función efectora: eliminar el patógeno. Los linfocitos T median procesos de citotoxicidad que destruyen al patógeno y participan en la activación de los linfocitos B. Los linfocitos B, por su parte, se diferencian a células plasmáticas y secretan anticuerpos (Figura 1.10-C y E). Una pequeña proporción de los linfocitos T y B se diferencian a células de memoria (Figura 1.10-D), que permiten hacer frente a sucesivas exposiciones con mayor rapidez y eficacia.