Huesos Largos
Son aquellos en los que predomina una dimensión sobre las demás. Morfológicamente un hueso largo tiene una parte central denominada diáfisis y dos extremos, las epífisis que puede ser proximal, la más cercana a la raíz del miembro o distal, la más lejana.
Entre ambas se encuentra la línea epifisaria que es un vestigio de la unión de la epífisis con la diáfisis; en el niño forma la placa epifisaria de cartílago hialino o de conjunción y a partir de ella se produce el crecimiento del tejido óseo, en la parte más cercana a la epífisis y la más lejana es la metáfisis, en la que se produce el depósito de minerales. Utilizaremos los términos línea o placa epifisaria y metáfisis indistintamente.
La diáfisis está compuesta principalmente de tejido óseo compacto y las epífisis de tejido óseo esponjoso (la parte más externa es tejido óseo compacto).
En el interior de la diáfisis se encuentra la cavidad medular que está ocupada por médula ósea, que en el adulto es principalmente médula ósea amarilla y en el niño médula ósea roja.
El periostio es la membrana de tejido conjuntivo fibroso que rodea al hueso en su periferia excepto donde hay cartílago articular.
El endostio es la capa de tejido conjuntivo que tapiza la cavidad interna de la cavidad medular.
Huesos Cortos
Las tres dimensiones son parecidas. Están formados principalmente por tejido óseo esponjoso rodeado por tejido óseo compacto (similares a las epífisis). También hay periostio.
Huesos Planos
En ellos predominan dos dimensiones sobre la tercera. Están formados por dos capas de tejido óseo compacto y entre medias una de tejido óseo esponjoso.
En el cráneo las capas de tejido óseo compacto se denominan tablas (externa e interna) y el tejido esponjoso, diploe.
Cuando tienen cavidad interna esta estará recubierta por endostio. En todos los casos estará recubierta externamente por periostio (excepto donde hay articulación).